10/25/2011

DESENCUENTO DE HADAS 3

Finalmente y tras lo que le pareció una eternidad, consiguió deshacerse del abrigo, para comprobar, que había vuelto a viajar a otro lugar.

Ante sus ojos había una enorme extensión de tierra donde escavadoras y camiones trabajaban sin descanso.

- Bueno ponte el casco y al tajo.

La voz de Timbre le hizo recordar a Erika que en aquel loco viaje tenía a una molesta compañera como guía. Bajó la mirada y a sus pies vio al hada, enfundada con un minúsculo casco amarillo y sentada cómodamente sobre un casco del mismo color pero de mayor tamaño.

- Quiero saber si el abrigo…

- ¿Qué abrigos?- Contestó sonriente Timbre

Cuando Erika miro hacia el suelo, comprobó que a sus pies ya no estaban lo abrigo con el que se había enrollado segundos antes. Era como si nunca hubiesen existido.

- Bueno coge el casco y póntelo.

- Y una mierda.- Replico la joven.- Estoy harta de este juego.

En ese instante un ruido atronador inundó todo, la joven miro hacia la dirección.

Llegó justamente a ver como una pequeña figurita quedaba sepultada bajo un montón de tierra. Una de las escavadoras había perdido su carga y había enterrado vivo a uno de los trabajadores.

Erika se agachó, cogió a todo correr el casco y se lo puso en la cabeza mientras corría en la dirección del accidente. Cuando llegó ya había seis seres cavando sin descanso con palas, picos e incluso sus propias manos desnudas. Aquellos hombrecitos apenas superaban el metro y medio de estatura, por lo que Erika no tuvo problema para identificar a esos pequeños seres.

Frente a ella, contando al que estaba enterrado vivo, estaban los siete enanitos.

- Di algo.- Dijo uno con el gorro de obra rojo y que cavaba con sus propias manos.- Tenemos que saber que sigues vivo.

- ¿Eres tonto?- Contesto otro con el gorro verde.- No le llamamos Mudito por sus discursos.

Finalmente de entre la tierra apareció una mano, luego una cabeza y finalmente, todo un enano manchado de arena de pies a cabeza.

Erika respiro aliviada al comprobar que el recién desenterrado escupía un poco de tierra, pero que por lo demás, parecía estar sano y salvo.

Sus demás compañeros le quitaron el polvo y lo levantaron.

- ¿Estas bien?- Preguntó el del gorro rojo.

El enano respondió levantando el pulgar de su mano derecha hacia arriba.

- Nunca debimos salir de la mina.- Replicó uno con el gorro verde.

Erika no se dio cuenta de que tres nuevas figuras habían llegado hasta el lugar del accidente. Ante ella había tres cerditos andando a dos patas, pero lo mas sorprendente no era eso, sino los caros trajes de chaqueta y corbata que los tres vestían.

- ¿Se puede saber porque habéis parado de trabajar?- Dijo el mas alto de los tres cerdos.

- Mudito ha sufrido un accidente.- Replico el enano del gorro rojo.

- Pues yo lo veo bien.- Contestó el mediano de los cerdos.- Así que seguir trabajando.

Los enanos murmuraron unas cuantas frases inaudibles, aunque por la mirada que echaban a los cerditos, no serían palabras agradables de escuchar.

Recogieron sus herramientas y se alejaron no sin antes lanzar unas cuantas miradas al trío trajeado.

- Menos mal que no le ha pasado nada.- Dijo el mediano de los cerditos.- Hubiese sido un problema.

- Ni que lo digas.- Contestó el alto.- No podríamos acabar los pisos a tiempo.

- Tendríamos que tapar al herido.- Dijo el pequeño.- Descubrirían que estas casas no valen ni una décima parte del dinero que vamos a ganar con ellas.

- Por no contar con la dulce Blancanieves.- Dijo el alto de los cerditos.- El dineral que le tendríamos que pagar por matar a uno de sus pequeños esclavitos.

- Ya la pagamos un dineral por alquilar sus servicios.- Dijo el pequeño.- Pero salen mas barato que contratar a trabajadores legales.

Los tres cerditos pasaron a pocos centímetros de Erika y Timbre pero siguieron adelante como si no existieran.

- ¿No nos pueden ver?- Preguntó la joven.

- Claro que pueden.- Contesto el hada.- Lo que pasa es que no significamos nada para ellos.

La joven vio alejarse a los tres cerdos cuando un grito le hizo volver a prestar atención a los enanitos.

- ¿Sois tontos o que?- Oyó gritar a una mujer.- ¿Sabéis el dinero he perdido?

Erika vio que había llegado una furgoneta sobre los extenuados enanos.

La puerta de la furgoneta se abrió y de ella bajo una mujer entrada en carnes y vestida con un vestido manchado. Erika en seguida identifico a esa persona con problemas de sobrepeso como Blancanieves, aquel vestido azul y amarillo era inconfundible.

- Mudito casi muere enterrado.- Dijo el enano con el gorro verde.

La respuesta que le dio Blancanieves fue una fuerte toñeja en la nuca del pobre enanito.

- Si se llega a morir hubiese perdido un montón de dinero y esos tres cerdos no me pagarían.

- Trabajamos demasiado.- Replico el enanito del gorro rojo

Otra toñeja fue la respuesta que recibió.

- Ahora todos a la furgoneta.- Chillo Blancanieves.- Que me tenéis negra.

Los enanitos subieron obedientes en la parte de atrás de la furgoneta y Blancanieves cerró la puerta tras ellos.

- Bueno creo que aquí no tenemos mas que hacer.- Dijo timbre.

- Espera.- Contesto Erika.- Ni se te ocurra de lanzarme mas polvos, empujarme o cualquier otra de tus locuras.

Timbre sonrió e hizo un gesto a la joven para que se girara, Erika le hizo caso y ante ella había un enorme edificio blanco, sin apenas ventanas y con una enorme puerta negra.

- Bienvenida al sanatorio Maravillas.- Dijo Timbre mientras abría las puertas con tan solo un chasquido de sus pequeños dedos.

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