7/20/2015

¿DONDE ESTÁN ESAS NOCHES?

Las crisis de identidad asociadas a la edad suelen ser una mierda sino eres millonario. Los mortales de jornadas de lunes a viernes no podemos hacernos arreglillos a base de bisturí o comprarnos un deportivo rojo, algunos nos conformamos con esto, unas líneas en un blog que viendo como van las cosas dentro de poco también nos lo quitarán.
Es lo que tiene vivir en una libertad en diferido y sin ningún tipo de otra expresión que la propia represión. Pero todo viene de lo que nos hemos con
vertido, meras hormonas andantes de sesiones de sudor y posado delante de espejos, dejando de lado el valor de la decisión por mala que fuera.
No voy a entrar en la espiral que cualquier tiempo pasado fue mejor porque sonaría demasiado viejo, caduco y sin ningún tipo de objetividad, dado que todos pensamos que nuestra generación fue la ostia. Eso no impida que me pregunte donde quedaron esas noches, no las encuentro, me cuesta identificar las calles que durante años anduve, cuando ir vestido de gato pardo no era una obligación sino una razón.
Vivir desacompasado como un japonés en mitad de una tribu a pies del Kilimanjaro, carente del ritmo y sin conocer la mitad de la música que te taladra los oídos a través de los altavoces de esas, Txoznas – tropicales - Reketoneras. Ritmo al compás de la lucha de Alphas con escotes más prominentes que el de sus novias y esa mirada perdona vidas, que antes hubiera desembocado en una bronca de bar y lanzamiento olímpico a la ría. La competición absoluta por ser el más gracioso o el más estúpido, aquel que llegue más lejos sin importar las consecuencias creyendo que lo han inventado todo.
La diferencia esencial radica en que antes cuando rozábamos la estupidez no teníamos un móvil para grabar las pruebas del delito. Lo divertido es que todos hemos pasado lo legal o rozar la locura, hemos desatado la pasión en unos baños de bar o cantado encima de un escenario con tanto alcohol en la sangre, que la vergüenza da paso a un destrozo total de una melodía.
Tal vez ahora el ibuprofeno sea la mejor amante que nos podemos agenciar una noche de pasada de frenada, seguramente no logremos tener tantos seguidores en redes sociales o podamos ver nuestras estupideces una y otra grabación en bucle, quizás por eso las hace más únicas, simples recuerdos que contar entre cervezas cuando te reúnes entre sillas de siguiente generación.
Algunos tenemos esa pequeña alergia a las camisas o la necesidad de abrazar a Peter Pan como tara divertida, pero nos sobraba la clase, esa de la calle donde había respeto al pasado de las agujas y veíamos el futuro sin necesidad de destacar como el que más sino de hacer únicos cada momento.
Cada uno dirá que su generación es la mejor.
Solo os puedo asegurar que la nuestra fue única.
  




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