7/12/2011

BENDITA MALDICIÓN

A veces todos queremos poder parar el tiempo, mecer los segundos entre nuestros dedos y jugar como juegan los trileros.
Esconder el dolor de besos robados, olvidados o asesinados por nuestros errores, no recordarlos, no sentirlos tan próximos en el pecho como lejos quedan ya en la memoria.
Tal vez esa sea nuestra maldita bendición.
No poder parar el aleteo de la mariposa que marca cada uno de nuestros destinos, tener que vivir sin segundas partes o un continuará cuando cae el telón.
Tal vez esa sea nuestra bendita maldición.
Conseguir algunos de nuestros sueños a cambio de dolor y sacrificio u olvidar deseos en arcones prohibidos por la necesidad de no ver nuestro cuerpo de nuevo repleto de heridas.
Hoy todo eso duele porque yo aun sigo buscando, sin buscar, cobarde ante los defectos de mi espejo, ajeno a buenos caminos de paraísos ocultos por no prestar atención al paisaje que recorren mis pies.
Es mi carga, mi don y mi mayor defecto.
Es este sentimiento el que me ayuda a crear las noches de suerte, esas en que la luna te sonríe y piensas que el viento sopla a favor.
La misma sensación que noches como las de hoy me hacen escribir para expiar mis fantasmas bajo la luz artificial de una lámpara.
Esta es mi bendita maldición.
Esta es mi maldita bendición.

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