3/05/2014

EL DESPRECIO POR LA VIDA NO MERECE APRECIO

Estás líneas van directas a los bastardos que aún no parecen entender que vivimos en un siglo de igualdad. Iguales ante la decadencia que nos obligan a vivir esa clase política corrupta y tan anclada a los tiempos oscuros, que a veces pienso que en la televisión no tardará en volver a sonar la vomitiva sintonía del NODO.
Sin embargo hoy toca bajar un poco más al suelo a la altura del ciudadano de a pie.
Tal vez allí resida nuestra penitencia, el saber que somos nosotros mismos los que generamos esa desigualdad sin siquiera atragantarnos a la hora de la comida. Catorces vidas sesgadas que apenas duran unos segundos en los telediarios y toda una vida en las familias que lloran sus cuerpos, hijos, hermanos o padres que tienen que enterrar a una mujer cuyo delito tan solo fue querer a la persona equivocada.
Bastardos sin corazón que entienden la pasión como una sucesión de violencia a base de puñetazos e insultos diarios, salvajismo escondido bajo excusas de la víctima que se siente hundida por la culpa de un pecado que nunca cometió.
No hace falta que repita la idea de colgar de las pelotas a todos aquellos animales rabiosos sin otro arrepentimiento que su propia etílica vanidad. Hundirlos en agujeros oscuros y siendo diariamente apaleados no me parecería una vulneración de los derechos humanos, sino una manera de intentar proteger lo que tanto nos gusta asegurar.
Si nos preguntan nadie diremos que somos machistas.
Ni sexistas.
Ni racistas.
Cuando los focos nos señalan todos somos chicos modelos pero a la vez nos convertimos en meras ovejas del rebaño cuando alguien comenta el escote de una tía o lo que haría con el culo que se esconde bajo una minifalda. No seamos demagogos. Yo mismo llamo cariñosamente perra a mi mejor amiga, alguien podría empezar a tacharme de machista, tal vez lo sería, sino llamase perra también a mi mejor amigo.
A fin de cuentas no creo en el feminismo extremo que cuenta que unos ovarios son mejores que unos testículos, me parece una idea dañina, la artillería que necesita los casposos fachas de gomina o la cruz que esa misma derecha le sigue dando poder para opinar sobre algo terrenal, cuando cada vez menos gente cree en su divinidad.
No digo que la gente deje de creer en Dios sino que no creen que ese ser superior apoye a alguien que viola niños, vive en la opulencia y deja a dementes gobernar como Obispos capaces de comparar el aborto de una mujer violada con las corridas de toros.     
Creo que el problema está en la base, la educación de las nuevas generaciones, esas esponjas que aspirar todo lo que ven de manera saturada a través de la tecnología. Ese es el verdadero agujero negro al que nos enfrentamos. La necesidad de parar un momento en el camino y pensar que es lo que va a suceder dentro de veinte años, si esa música ofensiva salpicada con cuerpos de mujeres semidesnudas, a las que las tratan como meros objetos de agujeros calientes o esos programas donde el intelecto es inversamente proporcional a los kilos de silicona que soporta un ser humano, es lo que realmente se llama evolución humana.
Necesitamos cambiar de forma de ver las cosas.
Un deseo que me resulta imposible a sabiendas que de aquí a unos pocos días el número catorce se convertirá en quince y todos seguiremos cenando sin atragantarnos.


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SOLAMENTE UNA PIEZA...