6/03/2015

RAZONES SIMPLES

Uno de los mayores pecados del ser humano es creerse conocedor de una razón universal que nos mueve e incita para que realicemos grandes cosas. Marcar la huella. Convertirnos en alguien con la suficiente importancia como para que el tiempo no nos devore a base de olvido.
La realidad reside en los pequeños detalles.
Esos momentos en los que sin hacer nada realmente épico te hace sentir genial.
Es ver una película o dos en buena compañía entre una pareja que acoge a este Vasco con los brazos abiertos, entre monos gigantes y Xenomorphos, disfrutando de algún exorcismo que otro, aliñado con un fantasma con instinto maternal, que hacen que las vacaciones sirvan exactamente para pulsar el interruptor de desconexión.
Es volver a ver a ese dibujante cuya cabeza está repleta de mundos surrealistas, únicos y tan genuinos que te instan a volver a golpear teclas para darles vida.
Días de dar trabajo a los pulmones, brindar con el amigo Jackie y comer con la satisfacción de esas cosas que se hacen “con cariño”
La verdad es que son esos instantes los que te ayudan a comprender que tu puzle nunca estuvo incompleto sino con las piezas desperdigadas. Una en el norte. Otra en el Este y la última en la capital, todas importantes, ni más ni menos, simplemente únicas e irrepetibles como para perder el miedo a sentir de nuevo.
Es una decisión.
Tal vez esas tres piezas me han ayudado a saber que la cuarta siempre estuvo allí.
Tapada por los miedos y sumergidas en pensamientos de un futuro que lo único que hace es atenazar el presente, ahogándolo, evitando que sirva como excusa para disfrutar del momento sin buscar otra cosa que la tranquilidad de la verdad.
La culpa fue siempre mía, tal vez incluso se le puede llegar a llamar infección, un virus que pillé a través de las historias que escribí aquí. Esas de finales épicos o amores atormentados entre dos mares, como un velero a la deriva, buscando la necesidad de llenar un vacío que nunca estuvo allí. Una necesidad a superar las perdidas. La autodestrucción de alguien con afán por inmolarse contra el sol, de ahogarse en el espacio por querer tocar la luna o ser tragado por un agujero negro cuando buscaba la estrella más brillante.
Utópicos deseos de alguien que ha vuelto a aprender a mirar al suelo.
Es en la tierra donde esta lo verdaderamente único, lo ves en una pareja que se quiere sin necesidad de grandes alardes, no…no lo ves, lo sientes cuando estas a su lado. Un buen aprendizaje para volver a la rutina, con treinta y cuatro, habiendo superado la edad de ese salvador, pero sin la necesidad de obrar milagros.
Sin la necesidad de andar sobre las aguas.
Simplemente con ganas de seguir caminando sobre la tierra, sorteando los charcos de la complejidad ajena, deseoso de saltar sobre la claridad propia. La simplicidad de estar al lado de quien quiera que estés, sin necesidad de frases caducas, ni lo políticamente correcto o lo humanamente posible. 
La belleza de lo imperfecto y la sabiduría de disfrutar de lo realmente importante.
Esa simplicidad infinita de los pequeños detalles.




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5/05/2015

OTRA...

Esta es la historia de un divorcio intermitente con la almohada, noches de viento y nubes veloces que pasan a través de las pupilas. 
Viajeras amantes del no hacer nada como forma de vida, bebedoras de miserias y sueños, sin importarlas si son perdidos o cumplidos. La esencia nacida en el recuerdo de un detalle, una imagen salpicada con miles de palabras escondidos en la esencia humana. 
El recordar lo bueno para sobrevivir a lo malo. Esa pequeña verdad de carretera a la que los menos osados intentamos aferrarnos con uñas y dientes, sabemos que nos equivocamos, el pasado generalmente no trae consuelo sino heridas abiertas pero no nos importa. 
La sangre siempre es excitante. 
El rojo nunca será un mal color para asociarlo a esos momentos, la esencia, el saber que todo tiene un motivo o un porque, que cuando nuestro cuerpo no quiere descansar no es por mero capricho sino porque algo nos corroe la mente. 
Una idea, un pensamiento o simplemente un sentimiento atravesado.
Cualquier cosa puede servir para no poder apagar el interruptor y dejar de permitir que siga robándole horas a un reloj, que parece haberse parado en las cuatro de la mañana. 
Es cuando te sientes sucio como un político. 
Soberbio como una camarera que creyó ser estrella. 
Triste como una anciana perseguida como la memoria.
 Tantas vida que intentan salir fuera, tantos detalles que a veces no quieren dejar descansar a la cabeza que han ocupado, es entonces cuando aquellos que se consideran sabios, deberían escuchar lo que les quieran contar y con un poco de suerte, solo si ellos quieren, hacer que esos pequeños pensamientos inconexos viajen hasta un folio en blanco.

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4/13/2015

LA VERDAD DE MIS ARRUGAS

Es curioso como un dolor físico puede terminar arreglando otro psicológico, extraño como sonreír con los ojos y sin embargo ambos totalmente posibles. Es la voz de la experiencia sumergida bajo cicatrices de golpes, resbalones y algún que otro fallo de cálculo al tirarte a piscinas vacías.
Ese sueño utópico de subir una escalera infinita para querer bajar la luna como prueba de vida está genial con los veinte, pero cuando el tres ya comienza a rozar el ecuador camino del cuatro, las cosas son mucho más simples.
El romanticismo por ejemplo, no es algo que se pueda alimentar del pasado sino que se trata algo  vivo, una evolución que comienza por quererse a uno mismo. Sabiendo que se tienen virtudes y defectos más que de sobra, comprendiendo que en el fondo, la gente que te acompaña en el camino son las que realmente hay que disfrutarlas. Personas que nunca te ponen a prueba, te siguen o comparten parte de las locuras que asolan tu cabeza las noches de lluvia y tormentos.
Esa es la base bajo la que cimentar la verdad.
No me refiero a nada romántico estrictamente en la palabra, no me gusta, siento que esa definición edulcorada y repleta de clichés de Hollywood es lo peor que le ha podido pasar al ser humano… vale el Requetón va primero…pero en esencia ambos se nutren de la misma infección. La necesidad de encontrar príncipes o princesas que nos salven de nuestros propios miedos y nos hagan adictas a las perdices.
Gilipolleces.
La verdad es que incluso me he sorprendido como con la edad veo todo más claro y aguanto menos los ahora si pero no. Será que empiezo a entrenar para convertirme en un viejo calvo cascarrabias de pelos en las orejas y cara de Buldog Francés, aunque en realidad, el aguante nunca fue una de mis mayores virtudes. Lo sé.  Quien me conoce habrá que tenido que sufrir alguno de mis episodios locos a lo Living la vida que ha terminado poniendo el suelo en el techo y el techo en el suelo.
Sin embargo por primera vez no me arrepiento de ellos.
Tan solo recuerdo que en esa época el límite de lo correcto rozaba lo Bizarro, tan necesitado de buscar un lugar cuando el mundo se hunde, que tome la vía del suicidio emocional arrastrando a los demás, tahúr de noche y penitente de día, entre promesas de no volver a caer en ese juego de buscar una media naranja y terminar comiendo limones, mandarinas, peras o fresas.
Fue una gran mentira…pero que cojones…fue realmente divertido.
Esa locura de la cual ahora hay unos frutos realmente increíbles, personas de esas que ya han visto lo peor de ti, en unos años que ni tú mismo te reconocías en el espejo y a pesar de ello, siguen ahí. Guerra a guerra. Salpicados a veces con la decepción, otras con la ilusión absorbente que sé que destilo por los poros de la piel cuando algo realmente me emociona, lo sé, comprendo que me gusta tener esos pequeños detalles entre el café de la mañana y los buenos días antes de coger el metro como tesorillos invaluables.
A veces soy tan ciego.
He tenido que pasar una infección, el viaje a ninguna parte del Nolotil y una simple visita de unos días para comprender la fortuna que me rodea. No es que nunca lo haya valorado, si navegáis entre este caótico mar de líneas veréis que hay muchas de ellas dedicadas a esas personas. Pero esta es más personal, pecando de vanidad y culpable de un ego inflado he de admitir que gracias a ese colchón emocional puedo ser directo con otras personas que nunca me hicieron bien, tal vez fuera divertido e incluso en algún caso realmente satisfactorio tanto en vertical como en horizontal, pero para nada sano.

Así pues prefiero cerrar las puertas que no me importan a patadas sin la balsámica cháchara de lo políticamente correcto y centrarme en seguir cimentando aquellas relaciones que me llenan como persona, me hacen crecer como creador y me enseñan a no tener que recordar esa divertidos años en los que quizás…y que quede claro solo quizás…viví dando demasiado trabajo al cuerpo y algún que otro órgano interno.

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3/20/2015

PARAR EN EL CAMINO

Todo el mundo que practica el peligroso juego de la creación tiene la apuesta casi segura de caerse en los agujeros de la propia mente. Lugares imaginarios que son pequeños y fácilmente de esquivar o enormes como edificios dependiendo del estado emocional, entorno o simplemente haber dormido mal un par de noches. Cualquier cosa por insignificante puede llegar a influir en ello, estúpidos instantes para los afables devoradores de televisión que pueden llegar a ser mortales para el uso del ordenador para algo menos lúdico.
Son una mierda.

Los bloqueos creativos pueden ser incluso positivos, pero cuando se tratan de lingüísticos la cosa puede llegar a ser desesperante. Es como si un disléxico, daltónico y  polígonero se apoderase de tu masa gris, el vecino pesado o esa chica que quiere cuando no y cuando quieres tu ella no. Las salsas de la vida. Salsas agrias y pasadas en una nevera sin refrigerar que lejos de resultar apetecibles te revuelven las tripas, intoxicándote con las dudas mientras piensas que ni siquiera sabes si el libro va a terminar de cuadrar.
Incógnitas donde se pierden capítulos, rebuscados en un disco duro tan desordenado como el armario o la cabeza. Lo pones del derecho y después del revés, una y otra vez, hasta que comprendes que el triángulo de las Bermudas es ahora cuadrado y lo tienes justo sobre las piernas.
Tanto terminas adorando la inspiración como aborreces la calma chicha, ese ansia viva por terminar el dichoso capitulo, no por el mero placer de hacerlo sino por querer ver si aún conservas la frescura del principio. La osadía del relato corto convertido en ensayo y madurado como un maldito libro, uno que como con las arrugas, no paras de ver defectos propiciados por el excesivo manoseo.
Hiperventilas.
Cierras los ojos.
Buscas el paquete de tabaco prometiéndote que lo vas a dejar de una vez por todas.
Y te enciendes un cigarrito.
El humo hace que todo vuelva a fluir… no sabes si bien o mal… pero al menos fluye.




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2/23/2015

APRENDIENDO A RECORDAR

Las heridas suelen ser un buen baremo para comprobar como terminan los días carentes de mascarada, tiempo de ver moratones y valorar lo que se tiene o lo que se ofrece. Suelen ser aclaradoras, lo suficiente para ver que no todo lo que creías bueno lo es en realidad, hay que cambiar el punto de vista. 
Lo primero es evitar guerras ajenas. 
Lo siguiente es buscar el equilibrio de no hacer nada que pueda acarrear consecuencias para uno mismo. Mañana será otro día, uno que hay que mirar lo que se tiene sin esperar nada, es fácil de olvidar cuando la distancia hace que no veas a esa gente importante tanto como deseas. Los kilómetros pueden engañar pero las sensaciones que te carcomen cuando sientes que algo marcha mal no lo son, ese deseo incontenible de darle al móvil y contarlo a través de unas palabras escritas en una pantalla. 
Valen un par de frases para darte cuenta que son los verdaderos pilares.
No hace falta buscar más en lugares que nunca habías encontrado nada.
Todo lo hermético que fui era la parte más importante que siempre me evitó problemas innecesarios, lo he olvidado demasiado tiempo y tal vez por ello tenga que escribir estas lineas, bueno mejor tarde que nunca.




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2/03/2015

EVOLUCION EMOCIONAL



“A todos nos gustaría que lo bueno dure para siempre pero luego dura lo que tiene que durar…generalmente más de lo debido”.

Hoy voy a utilizar una de las citas que más me han gustado siempre de uno de mis grupos fetiches.
Es un buen resumen vital de como atamos las personas cuando intentamos sobrevivir a una evolución, que lejos de continuar siendo física, ha terminado por convertirte en algo emocional.
Vivimos entre decenas de lazos invisibles que nos atan a otras personas, un puzle infinito cuya dificultad, no es otra que una imagen de muestra en continuo cambio. Somos creadores o destructores a partes iguales, sabemos amar con locura u odiar con el mismo énfasis, navegantes entre un blanco nuclear y el negro más oscuro con solo dar un paso.
Un día bien.
Al otro fatal.
La evolución humana del siglo XXI está atada a las ondas y datos, creando espejismos de decenas de amigos en un lugar que no existe, sin darnos cuenta, que lo real siempre será mucho más auténtico que un ME GUSTA. Vivimos con el miedo a la perdida artificial y obviamos la real, esa que duele, que te hace sentir que se ha caído un engranaje de la maquinaria. Un vacío que parece hacer que nada tiene solución y nada volverá a ser tan bueno como lo era ayer.
El secreto consiste en saber ver lo que se tiene y no añorar lo que se pierde.
Es la verdad que aprendí hace muchos años, el veneno de una traición suele ayudar a ello, es la manera de abrazarse al presente y saber apretar fuerte, tan fuerte como puedan tus brazos para hacer cada segundo único, no anhelando que sea eterno, sabiendo que esa fragilidad hace que se aprenda a valorarlo de manera especial.
Estamos hechos de un agua donde flotan demasiados sentimientos, vivimos expuestos a ellos y los que nos creemos valientes, sabemos recibir las heridas a pecho descubierto. No. No se trata de valentía sino saber que por mucho que las cosas cambien, siempre habrá gente ahí, tocando teclas para convertir algo vulgar en mágico o un cafe salpicado en la lluvia de Bilbao, seres únicos e inconfundibles, que recogen engranajes los días malos y los vuelven a colocar en su lugar.
Tic.
Tac.
Tic.
Y esta máquina desacompasada vuelve a ponerse en movimiento, animada, sabiendo que alguien está trabajando en un 18 para tí o te preguntan que tal el día con una coletilla cariñosa que asegurar odiar y te encanta escuchar en la intimidad.
Por eso me hace creerme en el engaño de pensar que todo durará para siempre....aunque solo dure lo que tiene que durar....generalmente más de lo debido.
 

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1/28/2015

MAYDAY!!!!

Esto es una llamada de socorro a cualquier ser omnipresente y todopoderoso…bueno mejor pensado dejemos a las divinidades al margen, que últimamente tienen una manera demasiado salvaje de demostrar su supuesto amor.
Entonces solo me queda buscar ayuda en las estrellas, algún ser inteligente o al menos lo suficiente moral como para echar una mano al prójimo. Porque lo que es a ras de tierra esto no es que se vaya a ir a la mierda, sino que ya estamos en ella, hasta el cuello y mirando hacia arriba para no darnos un susto de muerte.
La verdad es que me da igual que sean vidas basadas en carbono u oxígeno, que se traten de reptiles o moluscos. Con que no sean chupópteros creo que mucho nos conformaríamos, algo que no huela a gomina y perfume rancio, envuelto en trajes caros como si de payasos millonarios se tratasen.
Perdón no quería comparar a los dignos payasos con nuestro gobierno.
Puede que me esté repitiendo pero la verdad es que nada cambia, los de arriba dicen que todo va bien y los de abajo vemos que todo sigue cuesta abajo y sin frenos. Ni siquiera son capaces de admitir que están matando a gente con tal de cumplir las exigencias del reino Germánico y sus secuaces.     
Que las personas mas capacitadas tienes que irse del país porque aquí no pueden sobrevivir.
-          ¡Esto va tan bien que los jóvenes emprenden para crecer profesionalmente!
Que haya gente muriéndose en los hospitales, no solo por falta de medios, sino porque ni se quiere gastar dinero en medicamentos vitales o echarle pelotas y pararle los pies a las empresas que hacen negocio con la vida.
-          Estamos trabajando en ello pero repetimos que no se ha recortado en lo fundamental.
Que el salario base sea una miseria, los contratos basura y las grandes empresas se estén forrando recortando cualquier derecho.
-          Estamos creando empleo.
Que aquí los que más cobren sean los mas ineptos, con sangre azul o autoimpuestas princesas del pueblo, no es novedad. Sino ya roban a dos manos, entre papeles y amenazas, cantando inocencia por ser una cantante de la época casposa o cubriendo culo ajenos por miedo a que los propios puedan quedar al descubierto.

-          ¡Pedimos transparencia! ¡Luchamos contra la corrupción!... Eso sí de las puertas de nuestra sede hacia fuera por favor.
Por eso pido ayuda a cualquier ente, ser o cosa con mínima inteligencia y razón social, me da lo mismo, porque viendo esto no sé qué es peor, que estos que dicen que mandan sean unos bastardos desalmados que nos mienten a la cara o que realmente, son tan gilipollas que se creen sus propias mentiras.
Hay gente que dice que parece que han encontrado un atisbo de cordura en Grecia, esos que inventaron la filosofía, pero enseguida los quieren tumbar recordándole que las deudas son para pagarlas… a lo que se me ocurre…
-          Señora Merkel tiene usted razón a la hora de exigir que se paguen las deudas, ya que estamos, ¿se acuerda de ese apaño tras la segunda guerra mundial? No sé, si hacemos cuentas creo que con los intereses y demás no son los países de Europa los que les deben dinero sino más bien viceversa.
Da igual sea como sea…MAYDAY MAYDAY!!!


-           

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SOLAMENTE UNA PIEZA...