“A todos nos gustaría que lo bueno dure para
siempre pero luego dura lo que tiene que durar…generalmente más de lo debido”.
Hoy voy a utilizar una de las citas que más me han
gustado siempre de uno de mis grupos fetiches.
Es un buen resumen vital de como atamos las personas cuando intentamos sobrevivir a una evolución, que lejos de continuar siendo física, ha terminado por convertirte en algo emocional.
Es un buen resumen vital de como atamos las personas cuando intentamos sobrevivir a una evolución, que lejos de continuar siendo física, ha terminado por convertirte en algo emocional.

Un día bien.
Al otro fatal.
La evolución humana del siglo XXI está atada a las
ondas y datos, creando espejismos de decenas de amigos en un lugar que no
existe, sin darnos cuenta, que lo real siempre será mucho más auténtico que un ME GUSTA. Vivimos con el miedo a la
perdida artificial y obviamos la real, esa que duele, que te hace sentir que se
ha caído un engranaje de la maquinaria. Un vacío que parece hacer que nada
tiene solución y nada volverá a ser tan bueno como lo era ayer.
El secreto consiste en saber ver lo que se tiene y no
añorar lo que se pierde.
Es la verdad que aprendí hace muchos años, el veneno
de una traición suele ayudar a ello, es la manera de abrazarse al presente y
saber apretar fuerte, tan fuerte como puedan tus brazos para hacer cada segundo
único, no anhelando que sea eterno, sabiendo que esa fragilidad hace que se
aprenda a valorarlo de manera especial.
Estamos hechos de un agua donde flotan demasiados sentimientos, vivimos expuestos a ellos y los que nos creemos valientes, sabemos recibir las heridas a pecho descubierto. No. No se trata de valentía sino saber que por mucho que las cosas cambien, siempre habrá gente ahí, tocando teclas para convertir algo vulgar en mágico o un cafe salpicado en la lluvia de Bilbao, seres únicos e inconfundibles, que recogen engranajes los días malos y los vuelven a colocar en su lugar.
Tic.
Tac.
Tic.
Y esta máquina desacompasada vuelve a ponerse en movimiento, animada, sabiendo que alguien está trabajando en un 18 para tí o te preguntan que tal el día con una coletilla cariñosa que asegurar odiar y te encanta escuchar en la intimidad.
Por eso me hace creerme en el engaño de pensar que todo durará para siempre....aunque solo dure lo que tiene que durar....generalmente más de lo debido.
Estamos hechos de un agua donde flotan demasiados sentimientos, vivimos expuestos a ellos y los que nos creemos valientes, sabemos recibir las heridas a pecho descubierto. No. No se trata de valentía sino saber que por mucho que las cosas cambien, siempre habrá gente ahí, tocando teclas para convertir algo vulgar en mágico o un cafe salpicado en la lluvia de Bilbao, seres únicos e inconfundibles, que recogen engranajes los días malos y los vuelven a colocar en su lugar.
Tic.
Tac.
Tic.
Y esta máquina desacompasada vuelve a ponerse en movimiento, animada, sabiendo que alguien está trabajando en un 18 para tí o te preguntan que tal el día con una coletilla cariñosa que asegurar odiar y te encanta escuchar en la intimidad.
Por eso me hace creerme en el engaño de pensar que todo durará para siempre....aunque solo dure lo que tiene que durar....generalmente más de lo debido.
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