Las líneas rectas no suelen ser la tónica habitual de ninguna existencia,
una cosa que suele ser buena para romper la monotonía pero que a veces termina
por ser una sucesión de hechos digno de un Sketch de los Monty Python. Es cosa curiosa. Durante una década de tu vida
no coges un coche y en unos meses comienzas a conducir toda una jornada laboral
diaria, es como eso que sino quieres taza toma dos tazas.
O más bien todo el puchero.
No es que me desagrade ponerme al volante, simplemente que nunca lo había
necesitado de manera real, así que cuando me ofrecieron ponerme al volante de
un flamante mini Toyota no lo dude. Bueno si un poco, lo justo que duró la idea
de tener que recorrer la ciudad cuesta arriba y cuesta abajo.

Estos últimos son los verdaderos putos amos de las calles.
Como ejemplo la regla aritmética que cuanto peor anden y necesiten
bastones para dar sus pasitos, más tardan en comenzar a cruzar, esperando
incluso hasta el último parpadeo del hombrecillo verde para iniciar la marcha.
Eso los que entienden que los pasos de cebra no están electrificados, uno de
cada diez, uno arriba uno abajo, el resto prefieren la aventura de salir a la
calzada donde les venga en gana, cuanto menos visibilidad mejor.
En fin como prometí a mi copiloto esta canción ahí va, como dice el Loko vámonos
a LA y por supuesto en Cadillac en vez de Toyota, aunque sea de segunda mano.
1 Comentarios:
Que gran verdad!!! siempre he pensado igual!!! y los viejecillos en su linea siempre igual.
Publicar un comentario